Cuando todo huele a despedida y pareciera que queda
solo un atardecer, hay un único lugar en el que quisiéramos estar. De eso nos
hablan esas parejas que son halladas muertas fundidas en un abrazo, bajo los
escombros de un derrumbe. Lo único
que dejamos y nos llevamos de este mundo, es amor.
Pero, qué es eso que llamamos amor y que cada vez
que queremos aprender se nos escurre como arena entre los dedos? Qué clase de
lenguaje es el amor, en el que aún hablando el mismo idioma cuesta tanto
entenderse?
Poderoso Dios es el amor. Con un simple disparo de
su flecha, hace del niño un hombre y de su capricho, una ilusión. El amor no es
un ítem más en tu lista de cosas para ser feliz, si no cómo cuidás a aquello
que te hace feliz.
En el camino del amor, el primer paso es el amor
por uno mismo. Solo aquellos que se aman a sí mismos están invitados a la
fiesta del amor. Y llenos de amor por nosotros mismos, vamos en busca de otro a quien amar más que a
nosotros mismos.
El amor se trata de dar, dar todo, dar de sí; sobre
todo, dar las gracias. Es por la mirada del enamorado que puede advertirse el
amor. El que ama, mira a su amado como queriendo llenarse del otro y con esa
sensación de que nada más él ve lo que ve, el amor es belleza que emociona.
Dicen que el amor es ciego, por eso para amar, como
para besar, hay que cerrar los ojos. Dicen que el universo cabe en un abrazo y
es verdad. El amor es un abrazo, es el encuentro de dos mundos. El amor es ese
primer beso que nadie te enseña a dar.
Pasamos mucho tiempo preguntándonos si lo que
sentimos es amor. Es simple, si lo que querés es cambiar al otro, no lo es; si
lo que querés es cambiar por el otro, es amor. Sabrás que es amor, cuando cada
beso sea un reencuentro, porque el amor en definitiva es eso, es el reencuentro
entre el cielo y la tierra.
El amor no es ciego, los ciegos somos nosotros. Él,
el amor, ve con claridad, ve. Y el amor ve aquello que nosotros no y se vuelve
certeza. Está hecho del suave dolor de la renuncia, de perseverancia y
determinación, de coraje y valor. Está hecho de pasión y fuego, también de
dolor e imposibilidad. Está hecho de puestos y de complicidad, de sorpresa y
reivindicación. Y sobre todo, el amor está hecho de inocencia.
No, no es ciego el amor. El amor ama precisamente a
quien necesitamos amar, a ese que va a transformar nuestras vidas. El amor no
es ciego, pero nos enceguece, porque una vez que lo conocimos, ese amor es lo
único que puede hacernos sentir vivos. Nos da coraje, pero también nos da
desesperación la idea de perderlo.
Amar, incluye la crueldad de tener que dejar ir.
Amar, a veces, es una ilusión condenada a la desilusión. Ahí vas a conocer al
enamorado, porque el amor ciego, ese que duele, se convierte en el aire que
respiramos.
Buscá detrás de toda gran destrucción y vas a
encontrar un hombre, un hombre enfermo de amor.


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