Todo comenzó en primer grado. Mis
compañeritos no me aceptaban. Durante ese año hicieron todo lo posible para que
no me pueda adaptar al grupo. Me maltrataban, sentía rechazo. Yo era una nena
buena, tranquila, y el motivo por el cual me hacían la vida imposible, era que
tenía buenas notas y casi siempre me elegían
como escolta para los actos escolares. Fue un año muy triste, no comprendía como nenes y nenas de 7 años
podían ser tan crueles conmigo. Nunca me voy a olvidar el día que me robaron
una cartuchera amarilla que con tanto esfuerzo me habían comprado mis padres.
Lloré tanto que no fui por un par de días al colegio. La maestra preocupada, me
enviaba el cuaderno de tareas con alguna que otra parte de la cartuchera que
había podido rescatar. Ante esta situación mis padres decidieron cambiarme de
turno, el problema eran mis compañeros, por su parte, el cuerpo docente era
excelente y tengo un gran recuerdo de ellos. Comencé a la tarde, y si bien el
grupo era mejor que el de la mañana, seguí padeciendo el acoso de algunos compañeros,
en especial tres: Erika Barbosa, Silvana Tosto y Fernando Buratti. Creo que fue
en quinto grado que nos hacían sentar en grupo y lamentablemente para mí,
estaba en el grupo de estos chicos. Me despreciaban tanto que separaban sus
mesas de la mía de modo que yo quedaba sola, fuera del grupo, y se burlaban y
decían cosas como ¿Ves algo ahí en ese rincón? Yo no veo nada, es un fantasma, decían… Otra de las
cosas por las cuales me molestaban y se reían de mí era por mi estatura, por
ser la más bajita del grado, y estás dos chicas no eran altas, apenas tenían 5
cm más que yo… Odiaba ir al colegio, le suplicaba a mi mamá que hiciera algo al
respecto, por lo que habló con mi maestra Gladys, quien la escuchó y le
prometió que se iba a hacer cargo del asunto, así que al otro día durante la clase,
hizo pasar al frente a Erika y a Silvana y delante de todo el grado las puso en
su lugar y me defendió. Al poco tiempo mi maestra falleció, y fue algo
traumático, ya que algunos compaños hacían juegos macabros donde invocaban
al espíritu de nuestra maestra, en otras palabras me asustaban diciendo que el
fantasma de ella estaba en el colegio… Me costó mucho seguir asistiendo a
clase, pero terminé la primaria en el mismo colegio y con los mismos chicos. La
secundaria tampoco fue de lo mejor, pero ya era más grande y aprendí a
manejarme de otra manera, pero reconozco que me cuesta terriblemente
sociabilizar y adaptarme a los grupos, más allá de ser una persona “simpática,
dada o como quieran llamarlo” siento que no encajo, siento rechazo y pocas
ganas por pertenecer a un grupo, claramente esto se debe a lo que padecí desde
pequeña, algo que espero poder resolver con el tiempo. Los que padecen o
padecieron bullying me entenderán, somos nosotros quienes no entendemos a
quienes nos hacen mal y a quienes no hacen nada para evitarlo. Los niños tienen derecho a vivir sin ser víctimas de la
violencia. Padres y niños tienen derecho a que las escuelas sean seguras, donde
haya respeto mutuo y los adultos asuman la responsabilidad de proteger a los
niños. BASTA DE BULLYING!
Alma.


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