El Hombre no puede nunca dejar de soñar- El sueño es el alimento del alma,
como la comida es el alimento del cuerpo. Muchas veces, en nuestra existencia,
vemos rotos nuestros sueños y frustrados nuestros deseos, pero es preciso
continuar soñando, sino nuestra alma muere y el Ágape no penetra en ella. Ya
se derramó mucha sangre en el campo que está frente a tus ojos, y allí se
entablaron algunas de las más crueles batallas de la Reconquista. Quién tenía
la razón o la verdad es algo que no tiene importancia: lo importante es saber
que ambos bandos estaban librando el Buen Combate.
"El Buen Combate es aquel que se emprende porque nuestro corazón lo pide.
En las épocas heroínas, en tiempos de la caballería andante, esto era fácil,
pues había mucha tierra; bastante para hacer. Sin embargo en la actualidad el
mundo ha cambiado y el Buen Combate fue trasladado de los campos de batalla a
nuestro interior."
El Buen Combate es el que libramos en nombre de nuestros sueños. Cuando
estallan en nosotros con todo su vigor -durante la juventud- tenemos mucho
valor, pero aún no hemos aprendido a luchar. Después de mucho esforzarnos,
terminanos aprendiendo a luchar y entonces ya no tenemos el mismo valor para
combatir. Por eso nos volvemos contra nosotros mismos y nos combatimos a
nosotros mismos, y nos transformamos en nuestro peor enemigo. Decimos que
nuestros sueños eran infantiles, difíciles de realizar, o simplemente, fruto de
nuestro desconocimiento de la realidad de la vida. Matamos nuestros sueños
porque tenemos miedo de librar el Buen Combate.
♥El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo
-continuó Petrus-. Las personas más ocupadas que conocía en mi vida siempre
tenían tiempo para todo. Las que no hacían nada siempre estaban cansadas, no
hacían ni el poco trabajo que debían realizar, y se quejaban constantemente de
que el día era demasiado corto. En realidad, tenían miedo de librar el Buen
Combate.
♥El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas.
Porque no queremos ver la vida como una gran aventura para ser vivida,
comenzamos a creernos sabios, justos y correctos en lo poco que le pedimos a la
existencia. Mientras más allá de las murallas de nuestras cotidianidad y oímos
el ruido de las lanzas que se quiebran, el olor del sudor y de la pólvora, las
grandes caídas y las miradas sedientas de conquista de los guerreros, pero
nunca sentimos la alegría, la inmensa alegría presente en el corazón de quien
está luchando, porque para ellos no importan ni la victoria ni la derrota, sólo
librar el Buen Combate.
♥Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La
vida se convierte en una tarde de domingo y ya no nos pide grandes cosas, ni
exige más de lo que queremos dar. Entonces creemos que somos maduros, dejamos
de lado las fantasías de la infancia y alcanzamos nuestra realización personal
y profesional. Nos sorprende cuando alguien de nuestra edad dice que aún
quiere esto o aquello de la vida. Pero en realidad, en lo más íntimo de nuestro
corazón, sabemos que lo que sucede es que renunciamos a luchar por nuestros
sueños, a librar el Buen Combate.
Cuando renunciamos a nuestros sueños y encontramos la paz -dijo luego de un
rato-, tenemos un pequeño período de tranquilidad, pero los sueños muertos
comienzan a pudrirse dentro de nosotros y a infestar todo el ambiente en que
vivimos. Comenzamos a volvernos crueles con quienes nos rodean y, finalmente,
dirigimos esa crueldad contra nosotros, surgen las enfermedades y las psicosis.
Lo que queríamos evitar en el combate -la decepción y la derrota- se convierte
en el único legado de nuestra cobardía. Y, un buen día, los sueños muertos y
podridos vuelven el aire difícil de respirar y comenzamos a desear la muerte,
la muerte que nos libere de nuestras certezas, de nuestras ocupaciones y de
aquella terrible paz de las tardes de domingo.
Fragmento
de "El Peregrino" de Paulo Coelho.


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