Pero lo terrible de la pérdida
de la amistad es el abandono de los días a los que ese amigo les dio sentido.
Perder a un amigo se vuelve, entonces, literalmente, una pérdida de tiempo.
Esperanzas excesivas, celos de los triunfos ajenos. Es tiempo de regresar a la
amistad sabiendo que exige un cultivo cotidiano a fin de rendir sus frutos
maravillosos. Establecer simpatías y gozar afinidades. Obsequiarnos serenidad
unos a otros. Obligarnos a una disciplina jocunda para mantener la amistad.
Descubrimiento con los amigos de las potencias del mundo y del deleite de
compartir las horas. Reír con los amigos. Vivir la amistad como invitación
permanente a aceptar y ser aceptados. Y reclamar internamente una posible
perfección de la amistad al abrigo de todo atentado. Vivir la compañía de los
amigos sin permitir ninguna ocasión de vergüenza al día siguiente, ni que se
hable mal de los ausentes. Defender a la amistad contra celos, envidias,
temores. Y estar de acuerdo en no estar de acuerdo —agree to disagree. Las diferencias
deben aumentar la amistad y el respeto mutuos. El trato inteligente entre
amigos no admite ambición, intolerancia o mezquindad. Amistad es modestia
digna, es imaginación y es generosidad. Y a veces, por qué no, es todo lo
contrario. Orgullo. Naturalidad pasiva. Avaricia del afecto.
Carlos
Fuentes


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