El
remordimiento, y en ello coinciden todos los moralistas, es un
sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete,
enmienda tus yerros en lo posible y esfuérzate por comportarte mejor la
próxima vez. Pero en ningún caso debes llevar a cabo una morosa
meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor
manera de limpiarse.
El
remordimiento es tan indeseable en relación con las malas acciones.
Arrepentirse de los errores cometidos, intentar enmendar una obra
fallida para darle la perfección que no logró en su primera ejecución,
perder los años de la madurez en el intento de corregir los pecados
cometidos y legados por esta persona ajena que fue uno mismo en la
juventud, todo ello, sin duda es vano y fútil. De aquí que este nuevo
mundo feliz sea exactamente igual al viejo.
Aldous Huxley.


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